domingo, 18 de octubre de 2026

TERTULIANO Y LA IMPOSIBILIDAD DE UN GUISO DE CARNE Y PESCADO

Cualquier receta de cuchara es un homenaje a España y a su gastronomía; son momentos en los que el universo parece detenerse.


Este guiso imposible de bacalao y chorizo —que rompería el tiempo cuaresmal e inviable también en la excelente cocina sefardí de platos de cuchara de la que somos herederos—, con un fumet de pescado y un huevo como símbolo de metamorfosis, me ha hecho recordar, una vez más, a Tertuliano (ss. II-III), apologista y padre de la teología latina. 


Lo he recordado por la apócrifa sentencia que se le atribuye sobre la resurrección: «Credo quia absurdum», erróneamente traducida, y cuya formulación original sería: «Certum est, quia impossibile».

La célebre frase no figura literalmente en ninguna obra de Tertuliano, sino que constituye una paráfrasis posterior de su pensamiento, difundida y deformada a lo largo de los siglos, especialmente durante la Ilustración. Su origen se encuentra en el tratado De carne Christi [Sobre la carne de Cristo], concretamente en el capítulo 5, donde el autor defendía frente a los gnósticos la realidad física de la encarnación y la crucifixión de Jesucristo.


Un guiso clásico, atemporal, con sus legumbres, el bacalao y las espinacas, rematado con un huevo cocido: finis coronat opus. Pero aquí lo que marca la diferencia es el chorizo, que bien podría ser otro tipo de embutido con carne de cerdo; una butifarra blanca, por ejemplo. Este ingrediente es el que lo hace especial. Se puede servir con unos picatostes o un pan de centeno con una buena mantequilla.

Ya ha llegado el otoño, y con él las lluvias, el frescor de las primeras mañanas, el debilitamiento de la luz y la brevedad de los días. Un guiso imposible, pero cierto. He vuelto a pensar en Tertuliano.

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